Las flores pueden oír y llorar, están expuestas e indefensas a la mierda de las aves; están ahí, propensas a la alegría de las gentes; expuestas e indefensas a la amargura de los solitarios.
Tontas flores que no escuchan, entregaron sus susurros al aire, no conocen sus colores. Una vez que yacen entre las hojas secas, las flores oyen el crujido de la muerte y lloran sus carnes evaporándose en el silencio de sus últimas horas.
…No sufran, hermanas. Puedo verlas.
Antonio Gil.

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