Una estrella sin nombre intermitente entre las nubes, el caótico sonido de las hojas que atraviesa mi ventana como un arrullo; el gato, con dos patas sobre el marco, corroborando mi asombro en el paisaje trémulo bajo la cortina aérea que nos cubre la testa.
Hasta el humo de tu cigarrillo mentía cuando hablabas de tu pena, mas que bien le haría a esta noche tus caricias silenciosas tras el éxtasis; -no debí vacilar ante la pregunta que me susurraste, aunque tus respuestas fueran evasivas-, pero no voy a dejar de mencionar esa minúscula ganancia que hay en el placer de ser un escurridizo, son vestigios involuntarios de mi omnipotencia, por fortuna, agonizante.
Escribir es mi ejercicio de neurosis poniendo trabas inconclusas, al vacío que dejó, la mujer que más he amado; imaginar es usurpar la ausencia de mis realidades, que son muchas; la pintura se me escurre por los rotos de los zapatos, anegando cual impertinente los limites de la norma…
A.G.

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