Ahora está la bestia, pétrea y helada; imaginándote para latir como un salvaje, como cuando se desbocaba en la proximidad de tus suavidades.
Hoy entre mis brumas creí reconocerte y no quise acercarme, temí sentirme demasiado vivo y resbalar hacia tu abismo indiferente.
Podría no volver a salir del error.
Pero el día en que mi amor corrosivo sea como el agua, que halló la manera de abrasar las nubes, yo iré a saludarte. Cuando todos los detonantes de nuestras horas, desaparezcan con el mundo, podré acercarme como si nada.
La nostalgia no es más que un infortunio del azar.
A.G.
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