viernes, 19 de noviembre de 2010

Cuando seas como un perro.


Ahora está la bestia, pétrea y helada; imaginándote para latir como un salvaje, como cuando se desbocaba en la proximidad de tus suavidades.
Hoy entre mis brumas creí reconocerte y no quise acercarme, temí sentirme demasiado vivo y resbalar hacia tu abismo indiferente.

Podría no volver a salir del error.

Pero el día en que mi amor corrosivo sea como el agua, que halló la manera de abrasar las nubes, yo iré a saludarte. Cuando todos los detonantes de nuestras horas, desaparezcan con el mundo, podré acercarme como si nada.

La nostalgia no es más que un infortunio del azar.
A.G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario