sábado, 6 de noviembre de 2010

Los gatos de la calle



La pena de pelo sucio y colmillo ingrato, que esa noche me eché a cuestas, por la bravura del oleaje de mi memoria me llevó a otro tiempo; en el que deambulaba con la mirada baja, ofreciéndole al amor ingratitud.

Maldecirte no es lo justo, porque hace tiempo le besé los pies a la decadencia; si alguien me pregunta sabré decir, que eras un elegante harapo que se alejaba. Aunque falte a la verdad por que bien lo sabes: a lo lejos tus orejas escuchaban ¡gonorrea!

Hasta pronto amigo mío, ni en tu roña ni en tus pulgas hallé crimen; el corazón me lo rompiste con abandono.

A. G.

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