Sumatra en sus labios es más sincera, que todas las verdades que en el mundo, se han revestido de palabras efímeras.
Y mi garganta es el cause, en el que puedo saborear la melancolía de su mirada triste; porque aprendí a hacer del llanto, lágrimas esquivas que se ponen a salvo.
Pero ellas saben esperar para golpearme en el ocaso.
Y como duele ese caudal que no se evapora.
Que me carcome la vida.
..Me hubiera mirado por mucho tiempo y hubiéramos huido lejos.
A. G.
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