miércoles, 10 de noviembre de 2010

...De los buenos tiempos



Te regalo una incertidumbre y la melancolía del árbol que te gusta.
Nuestra piel que se empapa al caminar por la vereda de los ciegos, agudiza la magia del tiempo; tanto como la noche hasta que subes al bus, mientras yo miro el reloj para saber cuantos minutos duró el día.
La última vez pensé, que no estaba del todo mal que me permitieras volver solo a casa: tuve tiempo para pensar como llevarte un guayacán hasta tu cuarto.

¡Que bien nos queda el agua! –Pensaba mi nostalgia-.

Encontré un regalo minúsculo, pero el reflejo de la flor amarilla que me lo dio, no está ya.
Que voy a hacer para que me ames más…
Lo ultimo que te dí fue un beso, antes de eso un dibujo. Hace poco descubrí que los sonidos agudos son como una línea fina, que los graves son trazos gruesos de un lápiz blando, que las grafías se desbordan y se van; y así puedo entender que eres la ausencia, el vacío y el silencio, del dibujo y de la música. Cuando vuelvo solo a casa, hasta verte de nuevo. 
A.G.

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